25.3.08

Fallece a los 87 años el historiador, político y editor Josep Benet






"El historiador, político y editor Josep Benet Morell ha fallecido esta madrugada a los 87 años a causa de una larga enfermedad en el Hospital General de Catalunya, en Sant Cugat del Vallès, según han confirmado su editorial, Edicions 62, y el Centre d'Història Contemporània de Catalunya, del que fue director durante 16 años.

Durante un breve periodo fue miembro de Unió Democràtica de Catalunya (UDC). En las primeras elecciones democráticas de 1977, fue elegido senador con el mayor número de votos de España, 1,3 millones de sufragios, por la coalición Entesa dels Catalans por Barcelona.

En 1979, fue reelegido senador en representación del grupo Per l'Entesa, y en 1980 fue cabeza de lista por el PSUC en el Parlament y elegido diputado. En el 2000 recibió la medalla de oro de la Generalitat. "


Recuerdo que aquella mañana, Anabel, la subdirectora del programa, había concertado una entrevista con Benet, el famoso historiador que tanto nos podía aportar sobre la inmigración de los años 50 y 60.
Salí de casa, con la convicción de llevar todo el material de grabación a punto para la importante cita, que incluía: Sony Z1, trípode Manfroto, Micrófono inalámbrico de corbata, croma, 2 maletas de iluminación Dedolite, mi cabeza amueblada y por si acaso pilas de recambio para el micrófono.
Durante el trayecto a casa de Benet fui charlando de cualquier cosa con el taxista, un día soleado, casi primaveral a pesar de ser Diciembre, la Diagonal atascada como de costumbre y llegamos a Fransesc Macià.
En el portal de su casa me fumé un cigarrillo esperando que llegara Anabel, Nando el iluminador, Laura la maquilladora y María la ayudante de documentación. Una vez todos reunidos, la subdirectora nos avisó del delicado estado de salud del historiador, debíamos tratarlo con total respeto y no enturbiar la tranquilidad de su hogar. Al entrar por la puerta de su apartamento nos encontramos con su sirvienta, vestida como tal que nos invitó a pasar, en seguida apareció su mujer y nos hizo descargar todo el material en el amplio salón. Pude ver a Benet sentado en su despacho, un tanto caótico, lleno de papeles, carpetas, libros y un cuadro con su retrato, el la mesa una máquina de escribir casi tan antigua como él. No se levantó para recibirnos, pues parecía cansado y un tanto débil.
Montamos el croma, las luces, yo ya tenía todo preparado, trípode con cámara y aproveché para hacer unos planos de recursos de su despacho. Entré sigilosamente en sus 10 metros cuadrados de historia, lo saludé y le expliqué que lo iba a grabar mientras él hacía sus cosas. La sirvienta le trajo un tazón de algún agua aromática y se puso a mirar papeles. Aproveché para intentar captar su entorno, planos cortos sobre sus manos, sobre su piel gastada, sobre su máquina de escribir, el retrato. Había una especie de silencio curativo y respetuoso cuando Nando nos indicó a todos que ya había acabado de iluminar el croma y ya podíamos empezar la entrevista. Yo salí al comedor a colocar la cámara en su sitio, saqué el micrófono de corbata para Benet y mientras se sentaba en la silla Anabel le agradeció su disponibilidad y le explicó como iba a ir la entrevista . Le introduje el micrófono por debajo de la camisa, saqué la otra petaca para conectarla a la cámara y oh mon dieu! el destino más jocoso y burlón me saludó para que me diera cuenta que me faltaba un cable para conectar mi petaca a la cámara: el cable canon. Las manos rebuscaban por mi mochila mientras mis ojos solo veían el infierno. Nada. Levanté la mirada, Anabel seguía hablando con Benet, así que aproveché para preguntarle a Nando si tenía un cable. Nada. Miré a María, volví a mirar a Anabel que me miró de reojo y me preguntó si podíamos empezar, oh mon dieu! Me acerqué a ella, busqué en el suelo algún agujero a ninguna parte para tirarme. Nada. Y cuando llegué a su oído le dije suavemente: -me falta un cable.
Anabel abrió los ojos como platos y en voz baja me dijo:- soluciónalo.
Después de todo lo que me había pasado por la cabeza, aquella era una respuesta bastante sensata, nada de gritos ni menos precios, simplemente una solución.
Llamé, llamé y llamé para que alguien me trajera un cable y al fin encontré un compañero que me traería otro micrófono sin necesidad de cables.
Después de decirle a Benet que nos retrasaríamos, éste se devolvió a su refugio y yo aproveché, dado la alta carga de tensión en el comedor, a acompañarlo para grabar más recursos. Creo que lo hice para escapar y sentir la tranquilidad de sus diez metros cuadrados. Conversé un poco con él, grabé, y sobretodo me curé con el silencio.

Efectivamente, tal y como había pronosticado Anabel, aquella era posiblemente su última entrevista y me alegro de haber protagonizado un patinazo tan glorioso para mí, podría haber sido cualquier otra entrevista más del montón, pero por suerte siempre la recordaré, espero que él haga lo mismo ahí donde esté.