20.6.07

Monty Python

Te Meaning of life y su escena de la procreación. La canción se titula Every sperm is sacred. Tremenda

19.6.07

Fotos





Rafaga de Viento




A él siempre le hubiera gustado ser como esos caballos negros y brillantes, atléticos y firbosos, tener jinetes de alta categoría y no turistas irlandeses babeando cerveza. Ráfaga de Viento así le gustaba llamarse, así se daba a conocer al mundo. Y todos reian.
-Ráfaga de viento? Qué viento? el de mi abanico? Todos se burlaban
-Miren!! una vaca sin tetas!! Jadeaba McArthur eructando.
Y ráfaga se resignaba a soportar sobre su lomo aquellos malditos irlandeses cada verano.
Lo cierto era que nadie sabía porqué había nacido así, el veterinario dijo que era culpa de una mala inseminación a la madre, otros decían que era cosa del diablo, pero a su dueño no le importaban las voces, solo le importaba lo rentable que le resultaba el caballo.
Cuando llegó el calor más sofocante y húmedo del verano Ráfaga de Viento es cuando tuvo que trabajar más, porque nadie quería caminar y todos se peleaban por el caballo a topos.
-It's mine!! gritó el hombre más gordo de irlanda. Sir McDonald bajó del autocar de turistas con muchas dificultades. Sudaba a borbotones y su respiración se podía sentir desde el ayuntamiento que quedaba a 5 calles. Parecía un pingüino con sobrepeso, caminando con pasos laterales, cortos y patosos. Su olor corporal recordaba a la carne podrida del matadero de cerdos y se dice por ahí que nació con esas cosas en las comisuras de los labios que nunca desaparecen.
Se dirigió directamente al dueño del caballo. Le colocó en las manos 2 billetes de 50 euros y se lo aqluiló por todo el día. Hasta 8 pueblerinos hicieron falta para cargar a sir McDonald sobre el lomo de Ráfaga, a la cual le tembló hasta el alma cuando el gordo se asentó.
-Arre! Arre!- gritaba en español
Ráfaga cogió aire y caminó lentamente por el sendero que tenía estipulado para los turistas, buscando los sitios de sombra por dónde caminar y parando en cada charco de aguar para rehidratarse. El esfuerzo estaba siendo atroz, cada paso era una eternidad pero no se rendía, seguía caminando. El pueblo entero se fue uniendo a la gesta de Ráfaga ya que todos empezaron a sentir compasión por el pobre caballo. Y fueron creciendo los gritos de ánimo, el júbilo se desbordaba a cada metro que avanzaba, el pueblo entero se volcó sobre él, hasta el alcalde, que llevaba 20 años sin salir de casa bajó para seguir la gesta épica de Ráfaga.
McDonald parecía feliz, se le vía contento, casi como un niño con juguete nuevo. Por primera vez en su vida un caballo había soportado pasear con él sin desmayar en el intento y ya por fin, a 50 metros se veía el punto de llegada, la estación final para el sufrimiento del caballo que volvía a poner una pata hacia delante y la otra también. Ráfaga alzó la mirada y vió la cuadra muy cerca, cogió aire trotó los últimos metros provocando el estallido de gritos y emoción de todo el personal presente. Nadie se lo podía creer, había conseguido trotar los metros finales cargando al hombre más gordo de Irlanda, sir McDonald.
Al llegar a la cuadra Ráfagamiró atrás y vió a una multitud correr hacia él, el clamor que siempre había soñado le llegaba. Fueron las útimas imágenes que pudo ver, una parada cardiorespiratoria a consecuencia del sobreesfuerzo se había llevado a Ráfaga a otro mundo. El pueblo entero vio caer desplomado al caballo cuando MCDonald bajó de él y todos lloraron su muerte durante semanas. Cada 31 de Julio será recordada la gesta de Ráfaga y la lección que dió a todos. Esa fue la nota final que el alcalde, ya recuperado de su agorafobia, escribió en su mandato.


In memóriam

13.6.07

Sarkozy

2.6.07

OK Go - Here It Goes Again

La fiesta del Tomate Rojo

Los tomates siguen su ruta natural, van madurando y ya tienen este color rojo espectacular. Viva la fiesta del tomate, quedan todos invitados para la degustación.






Para que Gloria lo disfrute desde el otro lado del charco

1.6.07

El Arte de Matar

Primer capítulo: Matar por dinero.


Helios era padre de familia. En el entierro, su mujer Estela estaba junto a sus hermanos, Julieta y Roberto, su padre José Luís y un grupo reducido de amigos y compañeros de trabajo del muerto. Estela lloraba desconsolada preguntando el porqué de su muerte. Julieta y su padre se mostraban fríos, nunca habían sido una familia muy unida, incluso Roberto parecía un tanto más ausente. Julieta preguntó a Estela por su hija pequeña y ésta le informó que no había querido llevarla al funeral de su padre y la había dejado en casa de una amiga.

En la foto de Helios, que aparecía en su nicho, aparentaba ser un tipo normal, rondando el ecuador entre los 30 y los 40. Tenía un pequeño trabajo que le permitía tener una vida tranquila. Un pequeño despacho con olor a humedad, un ordenador con pantalla de color verde y un teléfono sin números en sus teclas desgastadas por el uso.
Cinco días antes de su entierro salió de la oficina un tanto ansioso, caminó hasta su coche y condujo rápidamente hasta casa. Entró decidido por la puerta y buscó un sobre de color blanco que tenía escondido en el armario. Lo abrió, sacó un par de billetes y una pequeña bolsista de color blanca. La deshizo encima de la mesilla de noche y se preparó las dos últimas rayas de cocaína que ahí quedaban. El sobre quedó vacío, así que introdujo en su bolsillo los billetes mientras caminaba ya hacia su coche. De nuevo subió y se puso en marcha. Había mucho tráfico, era hora punta y Helios se inquietaba por momentos, no dejaba de tocar el claxon, sacar la mano por la ventanilla para increpar a otros conductores, acelerar, frenar bruscamente.

Después de dejar atrás el bullicio llegó a las puertas de un edificio viejo.Aparcó delante sin importarle las señales de prohibición y subió por las escaleras. Llegó a la puerta. Picó con insistencia. Alguien miró por la mirilla de la puerta y abrió. Era un hombre corpulento, vestía un traje barato y en su cara se podía leer la antipatía que le despertaba Helios.
Se apartó invitándole, casi obligándole a entrar. Helios se introdujo por un pasillo hasta llegar a una habitación dónde había otro hombre, con una gran bolsa llena de cocaína encima de una mesa de madera. El matón se situó detrás del segundo hombre que había sentado en esa habitación, detrás de la mesa. Helios miraba la bolsa con admiración, sacó los billetes de su bolsillo y los tiró encima de la mesa. Alargó su mano para atrapar la bolsa pero encontró la resistencia del tipo que estaba sentado. Cubrió con su mano la bolsa antes de que pudiera cogerla y agarró los billetes que había tirado. Una voz quebrada resonó por toda la habitación:
- Nos debes mucho más dinero del que has traído. Dijo aquel hombre mientras se guardaba el dinero en su chaqueta. Helios suspiró con amargura y dijo:
- Ya te dije que quizás en un par de meses pueda reunirlo todo.
Helios arrugó los dedos, cerró el puño y se tiró desesperado hacia el tipo que estaba sentado asestándole un feroz puñetazo en la nariz. El hombre que estaba detrás suyo se abalanzó sobre Helios y este respondió tirándole la silla de madera que encontró a su alcance. El matón cayó al suelo, momento que Helios aprovechó para salir corriendo del edificio con la bolsa blanca. Llegó hasta su coche y condujo rápidamente hasta llegar a su casa. Entró nervioso, se sentó en el sofá del comedor y lloró desconsolado. Miraba la bolsa blanca con impotencia e incredulidad. No mucho rato mas tarde escuchó un coche que frenaba delante de su casa, instantes después sonó un zumbido en la puerta y ésta se abrió de golpe. Entró por ella un tipo que jamás había visto, caminaba despacio hacia donde estaba él, sacó de su chaqueta una pistola y mientras montaba el silenciador le preguntó:
- Estás solo en casa?

Afirmó con los ojos repletos de lágrimas. Helios agonizaba sus últimos segundos incapaz de reaccionar. El tipo apuntó sobre su pecho y descargó todas las balas de su pistola. Cayó muerto abrazado a su cocaína.