29.1.07

Ciudades de colores


Hoy me levanté con dolor de garganta, de aquellos que irritan por llegar en mal momento. Me dijo Leonor, que al lado de la casa, hay unos árboles que dan unas flores de color blanco, que son muy recomendables para este tipo de síntomas.
Salí, recogí un par de ellas y volví feliz pensando que iba a hacer una poción mágica como los ancestros de la zona, el hechicero de la tribu al que todos respetan.
Hice la infusión con leche, esperé pacientemente a que calentara hasta los 100 grados, removí con cuchara de palo las flores para que dejaran todo su aroma, con el misticismo adecuado.
Colé el potaje, lo serví en una taza y mezclé un poco de miel. El olor, exiquisto.
Lo tomé pacientemente, sientiendo como la solución corría por mi garganta, también exiquisto sabor.
Con el último trago ingerí un dolex, complejo químico compuesto por paracetamol de farmacia recomendado para dolores en general.
Ahora siento que mi garganta se alivió.
Con o sin mágia, con flores o químicos, pero en la ciudad de colores es recomendado estar preparado para salvar cualquier tipo de circunstancia, A o B, perro o gato, lluvia o sol... En la ciudad de colores todo vale y todo se puede dar.
7.000.000 de colores
7.000.000 de posibilidades
7.000.000 de caminos.

24.1.07

Bogotá


La primera impresión de Bogotá, no son como esas escenas recreadas en mi cabeza a partir de los muchos comentarios que me llegaron. La primera impresión es "chévere", mejor aún después de comer unas empanadas colombianas al lado de la casa de Carlos y Leonor.
Bogotá, o el 1% que he visto de la ciudad me cautiva, como la escena que ayer pude ver viajando del aeropuerto a casa de los Cardona por el puente de la 26 con Boyacá y de como los microcolectivos, que parecen sacados de una antigua colección de coches pintorescos, paran al azar de las demandas de sus clientes, sin estaciones ni compromisos, levantar la mano y parar. Chévere.

15.1.07

allá vamos